miércoles, 19 de diciembre de 2007

Reseña de Josè Luis Gómez Ramírez

Reseña sobre el libro: “La era del vacío” de Gilles Lipovetsky

La era del vacío: Ensayos sobre el individualismo contemporáneo
Traducción de Joan Vinyoli y Michéle pendanx
Editorial Anagrama
Título original: L´ére du vide. Essais sur l´individualisme contemporain
Escrito en 1983
Tercera edición en “Compactos” en español: marzo 2005
220 páginas

Datos del autor:
Gilles Lipovetsky es un sociólogo francés; nació en parís en 1944. Es profesor agregado de filosofía en la universidad de Grenoble y miembro del consejo de análisis de la Sociedad, además de otros cargos oficiales. En sus principales obras analiza lo que se ha considerado la sociedad “postmoderna”, con temas recurrentes como el consumo, el individualismo contemporáneo, la cultura de masas, el hedonismo, la moda y lo efímero, los mass media, el culto al ocio, la cultura como mercancía, el ecologismo como disfraz y pose social, etc.

Bibliografía:
El imperio de lo efímero
La felicidad paradójica
El crepúsculo del deber
La tercera mujer
La era del vacío
La sociedad de la decepción
Metamorfosis de la cultura liberal
El lujo eterno
Los tiempos hipermodernos

El autor de entrada nos coloca en lo que él mismo denomina la era del postmodernismo, donde ha ocurrido un estallido social, caracterizado por:
• La disolución de lo político
• El individualismo
• Prevalencia de lo narcisista
• Apatía
• Indiferencia
• Deserción
• El principio de seducción sustituyendo al principio de convicción
• Nuevas modalidades de relacionamiento social
• Nuevo estado cultural, caracterizado por el agotamiento y derrumbe de lo que ha caracterizado la vanguardia del último siglo

El libro está compuesto por una serie de artículos que Lipovetsky publicó en diversas revistas; con ellos queda planteado un problema general: la conmoción de la sociedad, de las costumbres, del individuo contemporáneo de la era del consumo masificado, la emergencia de un modo de socialización y de individualización que rompe con lo instituido desde los siglos XVII y XVIII. Esta mutación histórica da por resultado una nueva fase del individualismo occidental; el texto muestra que el hilo conductor de estos análisis es lo que el autor denomina como el proceso de personalización, que no cesa de remodelar en profundidad la vida social.

El proceso de personalización designa la línea directriz y el sentido de lo nuevo, el tipo de organización y de control social que nos arranca del orden disciplinario-revolucionario- convencional que prevaleció hasta la década de los años cincuentas; es decir, hasta poco después de la segunda guerra mundial. Todo esto implica una ruptura con la fase inaugural de las sociedades modernas; una mutación sociológica global.

Negativamente, el proceso de personalización remite a la fractura d la socialización disciplinaria. Y positivamente, elabora una sociedad flexible basada en la información y en la estimulación de las necesidades, el sexo, el culto a lo natural, a la cordialidad y al sentido del humor.

Esto tiene como consecuencia una sociedad más relajada y permisiva en donde sobresale, por ejemplo, los valores hedonistas, el respeto por las diferencias, el culto a la liberación personal, al psicologismo, a la expresión libre; deja atrás todo lo fijado por elídela pasado de una edad democrática autoritaria.
Hasta hace poco la lógica de la vida política, productiva, moral y escolar, consistía en sumergir al individuo en reglas uniformes. Ahora se da paso a nuevos valores que permiten el despliegue de la personalidad íntima, la legitimación del placer, el reconocimiento de peticiones singulares.

El autor asegura que este proceso de personalización anexado a la vida social y al retroceso de la disciplina nos da por resultado lo que llama una sociedad posmodernista, donde el individualismo hedonista y personalizado se ha vuelto legítimo y sin oposición. Es decir, la era de la revolución, del escándalo, de la esperanza futurista características del modernismo, han terminado.
La sociedad postmoderna: reina la indiferencia de masa; domina el sentimiento de reiteración y estancamiento; la autonomía privada no se discute; se banaliza la innovación; el futuro no se asimila como un progreso.
Ya nadie cree en el futuro ni en el porvenir radiante de la revolución y el progreso; la gente quiere vivir enseguida, aquí y ahora, conservarse joven. Murió el optimismo tecnológico y científico al ser acompañados por el sobrearmamento, la degradación del medio ambiente, el abandono del individuo; ninguna idea política entusiasma a nadie, no hay ningún proyecto histórico movilizador. Vivimos simplemente en un vacío.
Estamos destinados a consumir, objetos e informaciones, deportes, viajes, formación profesional y relaciones, música y cuidados médicos. Este mismo proceso de personalización nos lleva a un evidente estado de narcisismo.

Narcisismo: forma de individualidad dotada de sensibilidad psicológica, desestabilizada y tolerante, centrada en la realización emocional de uno mismo, ávida de juventud, de deporte, de ritmos, más obsesionada con el triunfo personal que en la realización de la esfera social.
Pero existe a la vez el narcisismo colectivo, cuya máxima dicta: nos juntamos porque nos parecemos, tenemos los mismos objetivos existenciales. No sólo se caracteriza por lo hedonista, sino también por la necesidad de reagruparse: por eso abundan agrupaciones de viudos, padres de hijos homosexuales, neuróticos, de tartamudos, de alcohólicos, de madres lesbianas, etc.

La edad moderna está obsesionada con la producción y la revolución, mientras que la edad postmoderna lo está con la información y la expresión. Pero, cuanto mayores son los medios de expresión menos cosas se tienen por decir. Se comunica nada más por comunicar, se expresa sin otro objetivo que el de aparecer en la televisión. Y entonces el narcisismo descubre aquí su convivencia con la desubstancialización postmoderna, con la lógica del vacío.

Capítulos del libro:

I. Seducción continua
II. La indiferencia pura
III. Narciso o la estrategia del vacío
IV. La sociedad humorística
V. Violencias salvajes, violencias modernas

En el primer capítulo dice que la seducción elimina la antigua presión disciplinaria y no mediante la revolución sino por la misma seducción. Se ha convertido en el proceso general que tiende a regular el consumo, las organizaciones, la información, la educación y las costumbres. Dirige la vida de las sociedades modernas. Seducir es abusar del juego de las apariencias. El consumo amplía la seducción. Y así el mercado pone a disposición del público cantidades de bienes y servicios. Con esto se dice que toda manifestación de cualquier esfera, debe dejar de lado su expresión agresiva que pueda herir nuestra sensibilidad.

En el segundo, Lipovetsky asegura que a la gente todo le importa un reverendo carajo. Dios ha muerto, las grandes finalidades se apagan, pero a quien fregados le importa. El rasgo de las personas se ha atribuido un gesto de absoluta apatía; y así enfrenta el desierto, el desierto para el autor es una metáfora que señala el vacío existencial por donde transcurre nuestro devenir; supone una indiferencia ante el sentido, una ausencia ineluctable, una estética fría de la exterioridad y la distancia, pero de ningún modo la distanciación.

En el tercer capítulo dice que Narciso, la figura mitológica, encaja perfecto en la figura que servirá para reconocernos. Sobreviene un tremendo culto al cuerpo; el cuerpo gana dignidad; debemos respetarlo, vigilar constantemente su buen funcionamiento, luchar contra su obsolescencia, combatir los signos de su degradación por medio de un reciclaje permanente quirúrgico, deportivo, dietético, etc. La decrepitud física se ha convertido en una infancia.

En el cuarto, se habla de las diferencia entre el modernismo y el postmodernismo, en especial en materia artística. Asegura que las obras del pasado, en el modernismo, innovaron y aportaron muchas cosas, con cambios revolucionarios; y actualmente las vanguardias con sus obras postmodernas no dejan de dar vueltas en el vacío, incapaces de una innovación artística importante.

En el quinto dice que la ausencia de fe posmoderna, el neo nihilismo que se va configurando no es ni atea ni mortífera, se ha vuelto humorística. Lo cómico lejos de ser la fiesta del pueblo o del espíritu, se ha convertido en un imperativo social generalizado, en una atmósfera cool, un entorno permanente que el individuo sufre hasta en su cotidianeidad. El bufón ha pasado ha convertirse en rey. No es de extrañarse que en nuestro país, uno de los principales líderes de opinión sea el payaso Brozo.

Y por último en el sexto capítulo plantea que la violencia antigua tenía la función de manifestar una lógica social y un modo de socialización consustancial del código de honor.
Y ahora las masacres sólo pueden manifestar un derroche improductivo; y de esta manera la solidaridad que se formaba en las violencias de antaño ha desaparecido en los planos de una violencia por el único objeto de fregar.